Lanuevaaristocracia’s Weblog

agosto 28, 2008

beijing 2008

Filed under: derechos humanos — lanuevaaristocracia @ 7:49 am

El día 8 de agosto fui de las que estuve pegada durante horas al televisor para ver la ceremonia de apertura de los juegos olímpicos.   Conmigo la vieron 6 personas más y cada una iba comentando las impresiones que le parecían. 

 

He de confesar que las mías eran agridulces y que, sin saber porqué ya que no tenía una idea prefijada sobre el tema, frente a la belleza de las imágenes mi sensación era de cierto rechazo.  Me parecía grandilocuente, faraónico.  Había algo en mí que me provocaba rechazo.  Instintivamente iba asociando las formas del régimen a las formas estéticas y el resultado era negativo. 

 

El resto de personas contemplaron la ceremonia más sosegadamente y pudieron disfrutar de una “película” maravillosa, con un buen guión, efectos especiales y unos actores acompasados, algo difícil cuando se trataba de más de 70.000 personas desfilando ante un mismo escenario. 

 

Durante aquellas horas intenté desviar mis sentimientos hacia el trabajo realizado y especialmente hacia los valores de la cultura china, espléndidamente representados y presentados de manera brillante para un público tan heterodoxo cómo los millones de telespectadores que lo contemplaban en el mundo entero. 

 

Si hoy escribo este artículo, cuando las olimpiadas ya han perdido toda actualidad ante noticias tan dispares como la caída del vuelo JK 5022 o la liga de futbol, es porque acabo de leer la noticia de la publicación de un libro  de Cervellera, misionero y periodista durante años en China. 

El autor explicó durante la presentación de su libro en Milán, cómo muchos habitantes de Pekín vieron demolidas sus casas para hacer sitio a estructuras deportivas, hoteles, edificios y carreteras, a cambio de unas  insignificantes compensaciones que no les permiten comprarse una casa siquiera a 10 kilómetros del centro.

El Gobierno y el partido comunista chino consideraron las Olimpiadas como una ocasión irrepetible para mostrar sus éxitos y para dar a conocer al mundo la nueva China emergente surgida, según su visión, de la pobreza, de la necesidad y protagonista de la historia, que se ha convertido en la cuarta potencia económica del mundo, glorificada por los Juegos.

Sin embargo la realidad son los millones de inmigrantes campesinos pobres que huyen de los campos, en una situación de degradación, hambre y pobreza, para buscar fortuna en las grandes ciudades y en las aglomeraciones industriales de la costa.  Cada vez es más evidente el desequilibrio social: frente a 200 millones de ricos cada vez más ricos se oponen a 350 millones de pobres cada vez más pobres.

Los órganos oficiales del Partido Comunista Chino refieren más de 200 revueltas al día debido a la clara separación de estas clases sociales, a la vez que a la corrupción de políticos y funcionarios unida a la expropiación en los campos.

En otro artículo que leí días pasados se hablaba de la explotación de los niños, hijos únicos en los que sus padres ponían todas sus esperanzas y a los que se explotaba con la finalidad de conseguir mayores cuotas de bienestar. Niños sometidos a largas horas de trabajo para ganar medallas y una vez logradas, olvidados y sin recursos siquiera para bien morir, ya que el valor lo establece el papel que uno tiene, la persona no tiene relevancia, y una vez perdido el papel, perdida la identidad.

También la prensa ha reivindicado la falta de respeto por las libertades y los derechos humanos y ha aireado el silencio impuesto a miles de ciudadanos a los que se ha negado las más de 70 peticiones de manifestarse.

Siento alivio y me alegro de la rebeldía que inconscientemente sentí.  Los medios de comunicación nos tienen acostumbrados a lo efímero y rápidamente olvidamos lo importante.  Luchas por nuestra libertad es el mayor bien del que podemos disfrutar, aunque con frecuencia en nuestra cómoda sociedad sufrimos una amnesia voluntaria que nos impide disfrutar de cosas que ni siquiera apreciamos:  podemos o no leer un periódico u otro; participar voluntariamente de unos juegos olímpicos; manifestarnos alegremente por las calles de nuestras ciudades mediante unos sencillos trámites; expresar nuestra opinión, aunque vaya en sentido contrario al del resto de nuestros ciudadanos…

 

El sistema político no es inicuo y ser una gran potencia económica no equivale a bienestar y mucho menos a libertad.  ¿Porqué

Blog de WordPress.com.